jueves, 22 de mayo de 2008

Manoel de Oliveira, casi centenario


El próximo 11 de diciembre, Manoel de Oliveira cumplirá 100 años. Y por el Festival de Cannes, de la mano de su director, Gilles Jacob, le entregó al casi centenario cineasta portugués el mejor regalo que puede ofrecer: la Palma de Oro. Fue un homenaje a Oliveira y a la historia del cine. En el patio de butacas del Grand Téâtre Lumière, mezclado entre el público, un Clint Eastwood recién llegado a la localidad de la Costa Azul aplaudía de pie al director de la carpa. "Tú has construido películas en oposición a los tiempos. Siempre en permanente metamorfosis. Sentimos gran admiración por ti, por tu trabajo, por tu cine y por tu personalidad", dijo el director del certamen después de presentar un vídeo de 10 minutos sobre su "querido cineasta".
La elegancia de Oliveira, su sentido del humor y su, como dijo Jacob, "misterio de frescura y vitalidad", le convierten en ejemplo de artista. Oliveira, en la pantalla de la gran sala del Festival de Cannes, confesaba ayer que eligió el camino de director de cine porque era un mal actor, su verdadera vocación, y que, si existe "una ética cinematográfica", nadie la representa para él como Charles Chaplin, Alfred Hitchcock y Buñuel".

Con su habitual fina ironía -probablemente su secreto para tener 99 años y moverse con sorprendente agilidad-, Oliveira explicó que hace un año en este mismo festival alguien le dejó en su habitación una nota anónima en la que se metía con su cine lento y quieto que comparaba con una simple sucesión de fotografías. "Me gustaría explicar que entre una foto fija y un plano fijo hay una enorme diferencia. Y que cuando no ocurre nada también ocurren miles de cosas". Michel Piccoli -"mi amigo, mi enemigo", le dijo Oliveira- le entregó conmovido la Palma de Oro, y el cineasta portugués aprovechó para agradecer a sus colegas directores, a los actores, a los periodistas y a los críticos -"todos los que amáis el cine"- su apoyo y para pedir que se luche por la conservación y memoria del cine y por el trabajo insustituible de las cinematecas. La proyección de su primera película, documento de hace 78 años sobre el trabajo de unos pescadores portugueses, fue un ejemplo perfecto de las razones de su reivindicación. Agitando su bastón, Oliveira gritó: "¡El cine me ha ayudado a crecer. Viva el cine!".

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